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Posts Tagged ‘odio’

janus-rund

 

 

 Mientras el tiempo corre

A pasos incalculables

La carrera contra el recuerdo

Remoto hoy está

El día en que tus ojos

Me susurraron adiós

 

Aunque el tiempo vuele

Más rápido que la luz

Y aunque intentes

Olvidarnos

Olvidarme

Y fingir que nunca

Realmente existimos

 

Aunque te distancies

Te aísles, nos margines

Y nos niegues

Seguimos inevitablemente

Viéndote en palabras

 

Escondidos en los rincones

Mirando a nuestro alrededor

Murmuramos  verdades

Antes insospechables

Ahora verosímiles

Para nada sutil, visibles

En miradas, gestos

Y palabras

 

No puedes negar, Janus,

Que tu verdadera cara

Ya conocemos

No lo sigas ocultando, Janus

Porque más que evidente es

Ese ser en vos

Rogándote a gritos

Que lo dejes ser

 

No nos destruyas más

Con tus mentiras desmesuradas

Con tus verdades irreales

Con tus pasados inventados

Ya no queda artimaña

Que nos engañe

 

No nos arruines más

Con tu narcisismo prepotente

Con ese afán de ser el único

El evidentemente mejor

Con tu posición de victima

La negación de tus culpas

Y tu incapacidad de pedir perdón

 

Sé quien eres, Janus,

Ya no hay disimulo

Que oculte tu verdadera cara

Déjalo libre y permítete ser

Olvida tus prejuicios

Que infundados son

Nadie te habrá de juzgar

Si reconoces la verdad

 

 

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A Raúl,

Fueron tus ojos los que lo vieron nacer

En los que habita una pena

Tan grande, tan honda

Veo amor intenso y profundo

Y ayuda incondicional

Pero veo también esperanzas

Que difícilmente llegaran a ser verdad

 

Ojos que lloran en silencio

Cansados de intentar hacerlo entender

Que lo único que quieren es ayudar

Cansados de luchar

Con el único aliado de su corazón

Aquel infundado rencor

 

¡Dios! ¡Amo y señor de cada lugar!

Haz de una vez por todas

a su hijo reflexionar

Y dejar ir esa maligna aversión

Que deshumaniza su corazón

¡Dios! Haz que se dé cuenta

Que sino cambia, la soledad reinará

 

La soledad en su vida reinará

Si se rehusa a aceptar la verdad

Si sigue negándose a ver

El daño muchas veces irremediable

Que a su paso ocasiona

Corazones destrozados

Imposibles de sanar

 

Padre de ojos tristes y agotados

Déjame hoy abrazarte como hija

Y reconfortar un poco tus penas

Él volverá a ti y recapacitará

Y de su rencor se liberará

La fe en Dios nos iluminará 

Y como un bebé indefenso

En los brazos su de padre estará

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amor_odio 

Te odio… te odio… te odio..

Lentamente envenenarte

Para así poder matarte

Y sin más, aniquilarte.

O aún mejor!

Exterminarte de la faz de la tierra.

Decirte ¡Adiós! Desde hoy y para siempre.

 

¡Te odio, mujer, por no poder ser

Quien realmente sos!

Te odio, criatura de tu propia imaginación,

Por dar y no esperar nada a cambio.

Pero te odio también,

Por no aprender a dar menos.

 

¡Envenenarte! ¡Sí! Con altas dosis de

Anti-enamoramiento y Anti-amor.

Para que de una vez y por todas

Lo dejes ir en paz y no sufras

De inútiles melancolías

Que se ríen de tu vida.

 

¡Matarte! Y así salvarlo

De tu insufrible presencia

Salvarlo de los fastidiosos

E insensatos abrazos

Salvarlo ¡Por fin!

De tu risa monótona

Y sin energía.

 

Y así, sin más, aniquilarte

De una vez por todas.

Pero en vistas de a ti también salvarte

De creer en promesas

Nunca dichas, nunca hechas.

 

¡Te odio, mujer, por no saber vivir sin él!

 

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No me juzgues. Demasiadas voces han de colgarme de la torre más alta sin antes escucharme. No seas uno de ellos. Dame una oportunidad de contarte mi historia.

Hacía algún tiempo que las cosas se habían empezado a deteriorar. Ya no éramos los mismos de antes. La distancia entre ambos era cada vez más notable y me era imposible seguir conteniéndome. No podía verlo mirar otras caras. No podía soportar que buscara otras sonrisas y no las mías. Dolía bastante no poder besarlo cuando estaba cerca; seguir viviendo bajo el mismo techo, pretendiendo ser dos extraños, se había tornado un infierno. Algo tenía que hacer, pero nunca entendí la magnitud de mis hechos hasta hoy.

Pensé que era un buen remedio, pensé que así él volvería a pensar en mí y a tenerme en su corazón. Pensé tantas cosas. Ojala pudiese volver el tiempo atrás. Volver hacia aquellas tardes de verano en la que mirábamos pasar el tiempo agarrados de la mano. Pero el tiempo no vuelve atrás. Y el hermoso antes se había esfumado para siempre.

Antes era todo tan distinto, me repetía para mis adentros constantemente. Antes él era la razón por la cual yo respiraba. Éramos uno, en cuerpo y alma. Y nuestros corazones latían al unísono. Solíamos ser tan felices. Solíamos pasar horas sentados, hablando de nada y de todo. Nos reíamos como locos y nos besábamos como si no nos hubiéramos visto en años. Él me conocía tan bien. Yo recostaba mi cabeza en sus piernas mientras él tan cuidadosamente desenredaba mis rulos despeinados por el viento y la locura de nuestro amor. Antes era todo tan distinto. Antes la vida nos regalaba sonrisas a cada instante. Pero de a poco la felicidad se nos iría de las manos.

Él era un hombre de paciencia. O por lo menos la tenía conmigo. Nunca cuestionó mis ataques de demencia. Nunca me levantó la mano. Nunca me hizo daño. Hoy pienso en lo injusta que fui. Mi amor no merecía lo que pasó. Pero así y todo, era la única forma de que no se alejara más de mi, o por lo menos eso era lo que yo creía. Lo quería para mí y para nadie más. No podía dejar que se distanciara más. No podía ni quería dejar que besara otros labios que no fueran los míos. Mi ambición. Mi insensatez por tenerlo más allá de lo que se me estaba permitido me llevaría a hacer algo de lo que me podría arrepentir.

Fue así que un día me decidí. Esto tiene que terminar hoy, me dije. Busqué su foto, la única que no había quemado, y mirándolo pensé “de hoy en adelante no vas a besar otros labios que no sean los míos, de hoy en adelante no vas a pensar en otra que no sea en  mí, de hoy en adelante no vas a respirar sino por mí”. ¡Qué delirio el mío!  Querer volverlo a tener era lo único que me importaba e iba a llevarlo acabo sin importar las consecuencias. Claro, aunque ahora me arrepienta, en ese momento no estaba segura de cuales serían las consecuencias.

Era un sábado a la mañana. Él se levantaría temprano como de costumbre, le llevaría el desayuno, hablaríamos un rato, y en el momento menos esperado actuaría. Me levanté antes que él. Me vestí y fui a preparar el mate cocido como en los viejos tiempos. Hoy es el día, me decía. Le corté la fruta que más le gustaba y serví el jugo de naranja. Antes de terminar de preparar todo fui a verlo por última vez a la pieza. El dormía tan dulce como siempre. Parecía tan tranquilo. Nunca se lo vio venir, menos de mí.

¿Sería capaz de hacerlo? Sí, una y otra vez. “Es tu única salida”, me decía una voz. Es la única salida que tengo después de haberle pedido tantas veces que volvamos a ser los de antes. Es la única salida después de haberle declarado que mi amor por él aún era el mismo y que no soportaba seguir viviendo bajo el mismo techo sin poder besarlo, sin poder abrazarlo. No soportaba verlo distante. Era por el bien de los dos. Mentira. Era por mi egoísmo desenfrenado y alienante de no encontrar otra salida para volver el tiempo atrás.

Se empezaba a despertar. Volví rápido a la cocina, agarré la bandeja y me encaminé a la pieza. Antes de llegar guarde el instrumento que iba a usar en mi bata, él nunca sospecharía. El estaba sorprendido de verme llegar con el desayuno. “Como en los viejos tiempos” le dije y sonrió. No cruzamos palabras salvo las de cortesía “no tenías por qué” “es que hace tiempo que no lo hacía” “igual te doy las gracias” (suspiros) “no hay de qué, es mi deber” (sonrisas, no del todo honestas) y un “estas linda esta mañana” (que era su forma de que callarme).

Justo antes de que se levantara le dije “tengo que hablar con vos”. Se dio vuelta y me miró. Esos ojos grandes habían sido mi perdición. “Sabes que nunca dejé de amarte, y hoy vas a ser mío otra vez”. Ni siquiera gritó. Pero el alma se le había ido del cuerpo en menos de lo que dura un suspiro. ¿Dónde estás? No se suponía que fuera así. ¡No tenías que irte del todo!

Hoy me hago cargo de mis hechos. No pensé que sería así, creía que seguirías conmigo. Por amor, lo hice por amor. Porque te amé como a nadie. Porque quería vivir mi vida a tu lado. ¡Perdón!  El daño que hice ha traspasado los límites de mi propia cordura y las voces que me juzgan no han de callarse. Por amor, fue por amor…

 

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Cuando entenderás

Que las palabras no bastan

Que son infinitamente

                             Inútiles

Que nada me importa más

                    Que vos y yo.

 

Cuando entenderás

Que quiero verte

Y decirte que te quiero

Que no encuentro razones

                       Ni motivos

Para no hacerlo.

 

Cuando entenderé

Que no sos mío

Que nunca lo fuiste

              Ni lo serás

Que vas a escaparte

Lejos de mis brazos

Cuando la noche acabe

 

Cuando entenderemos

Que no sos vos, ni soy yo

Sino lo que juntos logramos

Esa fusión de risas y alegrías

Son mis miradas

Y tus sonrisas

 

Cuando entenderás

Qué la vida es demasiado

Corta para decir que no

Se nos irá la vida

Intentando

 

Cuando entenderás!

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